Independiente del Valle es el club de mayor crecimiento en el fútbol sudamericano moderno. Su éxito es reciente pero fulminante, logrando su primer título de Serie A en 2021. Sin embargo, su verdadero impacto ha sido internacional, donde ha conquistado dos Copas Sudamericanas (2019 y 2022) y una Recopa Sudamericana (2023), venciendo a gigantes del continente.
El palmarés del «Matagigantes» se complementa con un subcampeonato de Copa Libertadores en 2016, una gesta que puso su nombre en el mapa mundial. Gracias a su enfoque en procesos a largo plazo, IDV es considerado hoy un modelo a seguir a nivel global y el club ecuatoriano con mayor proyección internacional en la última década.
El estilo de juego de Independiente del Valle es inconfundible y se basa en una filosofía institucional: protagonismo a través de la posesión, salida pulcra desde el fondo y una inteligencia táctica superior. Sus equipos no esperan al rival, sino que buscan controlar los ritmos del partido mediante triangulaciones y una estructura posicional muy disciplinada que se enseña desde sus categorías inferiores.
En los últimos años, el club ha perfeccionado un sistema de presión tras pérdida y una versatilidad que le permite adaptarse a distintos esquemas sin perder su esencia ofensiva. Esta identidad responde a una metodología unificada donde los jugadores jóvenes se integran al primer equipo con una madurez táctica asombrosa, permitiendo una transición fluida entre generaciones de futbolistas.
Refundado bajo una nueva visión en 2007, Independiente del Valle pasó de ser un equipo barrial a convertirse en una verdadera «fábrica de talentos». Su enfoque no es solo deportivo, sino educativo y humano, formando futbolistas que hoy triunfan en las mejores ligas del mundo. Cuenta con el centro de alto rendimiento más avanzado del país y una de las canteras más prolíficas de todo el continente.
Su casa, el Estadio Banco Guayaquil, es un escenario moderno y funcional que refleja la vanguardia del club. Con una capacidad para 12,000 espectadores, ofrece una experiencia cercana y europea que simboliza el orden y la visión de futuro de la institución. Más que un club, IDV representa la innovación, el trabajo metódico y la prueba de que un proceso sólido puede desafiar cualquier jerarquía establecida.